Poco se habla de las ciclicidades, algo se está empezando a hablar sí, pero aún es poco.

Que nos sepamos fuertes, que nos sepamos sanas, que no seamos lineales y nos permitamos ser, parece que no gusta mucho.Y si poco se habla en la vida “normal” que conocemos, menos se habla ahora, en estas circunsancias especiales.

He buscado información, y poco he encontrado, algo he encontrado sobre cómo se ha alterado nuestro cuerpo, algo de los efectos de la ansiedad en general, pero poco muy poco sobre los efectos de un encierro así sobre nuestra ciclicidad.
Lo que sí he escuchado de la boca o he leído en vuestras letras muchas cosas sobre los efectos que estamos notando en nuestros ciclos.

A muchas se nos han acortado los ciclos (a mí se me ha acortado una semana, cosa muy muy rara en mi cuerpo), otras me habéis hablado de una intensificación de malestar, de nervios, etc.. y algunas me habéis dicho que el síndrome premenstrual ha sido peor que otras veces, y ¡ojo! os digo aquí, si lo llamamos Síndrome ya empezamos mal, porque seguimos pensando que estamos enfermas, lo síndromes son patologías y ser cíclicas no lo es.

Ser cíclica es lo natural, es lo que soy.
El estrés afecta al ciclo, y esta clase de estrés no la habíamos vivido antes, una de las cosas que más afecta y desconecta a una persona de su ciclo es la exigencia de productividad, y los químicos anticiclicidad que metemos en nuestro cuerpo (desde las pastillas anticonceptivas a los químicos de los productos de higiene femenina…)

Y en estas semanas de encierro que llevamos hemos vivido la mayoría un caos mental, un caos de sobreexigencia, por lo laboral, por los miedos a lo que pasará, por la familia, por la soledad o por la falta de intimidad…Y claro que esto tiene una repercusión en mi cuerpo.El antídoto como siempre está dentro: escuchar nuestro útero, nuestra intuición, nuestras necesidades, y ponerlas en el centro, atenderlas, ATENDERME.


Si soy capaz de aprender a escucharme (y todas lo somos cuando nos lo proponemos) la consecuencia directa de conocerme es saber cuando me viene mejor hacer cada cosa, e inevitablemente sacaré partido a las energías que genera cada fase, sin controlarlas, adaptándome cada día a lo que voy necesitando y al ritmo de ese día.Eso no significa que deje todo para cuando me sepa energética, pues así me sobrecargaré ese día, sino, cada día hacer según mi energía, y entender que está bien, sin críticas, sólo con amor hacia mi.


Más oxitocina necesita el mundo.

¿Y tú qué cambios has notado? ¡Estaré encantada de leerte en comentarios! Y así seguir generando un conocimiento compartido.